Crónica

Una noche en el Bollo 
Bollo Room es la fiesta que con solo dos ediciones ya tiene a sus asistentes cautivados y esperando por la siguiente. Esta es una crónica de como se vive una de las fiestas “caletas” más concurridas de Bogotá 


                  
                      Flyer: Volketa Blogzine

Son las 10 de la noche y ya hay gente adentro. Afuera ni se diga, con una sola mirada es posible prever que son muchos más de los que pueden llegar a caber en el Skuat 48, la casa donde tiene lugar el Bollo Room, esa fiesta que con una sola edición cautivó público, unió parches, molestó vecinos y dejó a los asistentes pidiendo más.

En la puerta de entrada alguien recolecta una “donación sugerida” que oscila entre los 5.000 y 10.000 pesos, un monto simbólico que queda sujeto a la capacidad del bolsillo de cada quien. Tampoco hay requisas ni problema por entrar trago, aquí la actitud es relajada: Si usted sabe donde es la fiesta, si logró llegar hasta aquí sin necesidad de direcciones, es por que es amigo o conocido de alguien en la casa y su idea es gozar.

La casa tiene vibra, se siente desde que se entra. Por fuera parece una residencia como cualquier otra, pero adentro los graffitis, las pinturas y los carteles despejan toda duda sobre el carácter de sus habitantes: un parche variado y con actitud compuesto por artistas, músicos y diseñadores que viven y trabajan allí y que, en el proceso de dar a conocer sus proyectos han convertido la locación en una verdadera plataforma de gestión cultural.

Comenzando


 

Fotografías: B/K 79

Ya al interior la cosa está movida. Hay dos ambientes, uno adentro y “la cueva”, que es como le llaman al patio en forma de L donde la gente se agolpa en busca de un sitio cómodo para enfrentar lo que se viene. En la mesa que hace las veces de cabina del Dj, un computador transmite la fiesta a todo el que quiera asistir virtualmente vía LiveStream; una iniciativa que se puso de moda gracias al Boiler Room, un proyecto lanzado en 2010 en el Reino Unido, que organiza presentaciones en vivo de Dj’s, productores y bandas en locaciones privadas pequeñas para grabarlas y transmitirlas vía You Tube, LiveStream o Ustream.

Pero el cuento no para allí. La fiesta, además, tomó del nombre del proyecto londinense y lo transformó en una parodia de si mismo; sin embargo, como lo afirman el Dj Mansur Elias y el gráfitero Saga Uno, habitantes del Skuat y organizadores, a idea nació por casualidad y sin animo de herir susceptibilidades.

Todo comenzó con una conversación entre los dos y Mateo Rivano, Dj e ilustrador, quienes discutían la posibilidad de que el Boiler Room viniese a Colombia.  De ser así ¿Quienes serían los encargados de la curaduría? ¿Terminarían tocando los mismos de siempre? Ellos en lugar de quedarse esperando decisiones ajenas, montaron su propia fiesta y bajo su propia curaduría le dieron espacio a quienes, en su opinión, lo merecían. Todos aportaron opciones desde sus realidades, Mansur desde la electrónica, Mateo desde el Folclore y Saga desde el rap, y juntos pusieron en marcha el proyecto.

¡Bájale que se nos cae la casa!






Fotografías: B/K 79  

El carácter ciclotímico del clima bogotano no se hace esperar y de la nada comienza a llover. La gente que se agolpaba en el patio cual fiesta en callejón, se ve obligada a abrirse paso hacia el dance floor interior en donde los esperaba Monosóniko Champetúo, una propuesta de Soundsystem Afro-Caribe (Picó) que puso a bailar al ritmo de la Champeta el Zouk, el Bullerengue y el Calipso a raperos, punkeros y gomelos por igual.

Próximo a terminar su intervención, Monosóniko le subió al voltaje a la música, y la cosa se puso caliente. Mientras todos bailaban el piso del Skuat temblaba hasta asustar a los organizadores, que pedían bajarle el voltaje a la vuelta antes de que se les cayera la casa. Pero la casa resistió.
Quienes no lo hicieron fueron los vecinos, que cansados del barullo llamaron a la policía, muy seguramente resentidos por la versión anterior, en la que intentaron sin éxito sacar a la gente de la fiesta a punta de baldados de agua lanzados desde las ventanas. La queja esta vez no pasó a mayores y los agentes dejaron ir a los organizadores con una advertencia: menos volumen o se acaba el baile.

Adentro la gente se preparaba para oir a Mitú, un proyecto que mezcla percusión folclórica de Palenque con Electrónica, que ha estado girando internacionalmente. Afuera, en el patio, donde ya había dejado de llover, se preparaban cuatro propuestas más, tres de ellas electrónicas, que alternarían con Puro Visaje, un Dj de salsa que prometía poner a todo el mundo a azotar baldosa a punta de vinilo y aguja.

A pesar de los vecinos, y de dos borrachos problemáticos que dos tipos de logística sacaron del lugar, todo transcurrió en paz. Fueron varios los que, desde distintos países, se unieron a la parranda a través de sus computadores, a pesar de que en algunos momentos de la transmisión el sonido murió, algo que Mansur afirma tienen que revisar.

Final, final…








Fotografías: B/K 79

Hasta bien entrada la mañana hubo gente en todos los rincones del Skuat.
El pequeño cuarto donde vendían el trago fue agotando sus existencias hasta quedar vacío y
con el mismo sol con que se fueron retirando los primeros, otros continuaban bailando. Algunos se protegían del sol con gafas y otros bebían a pico botella un aguardiente que lucía recalentado por el trajín del remate. La segunda edición del Bollo Room recién empezaba a terminarse y desde ya era posible escuchar entre los que iban de salida la pregunta del millón: “¿Para cuándo la próxima?” pero el futuro de la fiesta es incierto.

Las quejas de los vecinos y las visitas de la policía han hecho que los responsables consideren la opción de no volverla a hacer. ¿Trasladarla a otro lugar? Tal vez, sin embargo es posible que al sacarla del Skuat esta pierda gran parte de su encanto; porque la fiesta y su locación original están íntimamente ligadas: la casa es el perfecto envase para la mezcla ecléctica que allí dentro se cuece. Por lo pronto Skuat 48 seguirá albergando proyectos interesantes que merezcan ser apoyados. Sobre la fiesta… Amanecerá y, puede que una vez más, bailemos.

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